martes, 8 de enero de 2019

La magia de José Visconti


Qué bonito es ser testigo -desde este lado de la acera de los vivos- cuando alguien es querido de verdad; cuando el aprecio es sincero y se demuestra en cada gesto y palabra sin que haga falta ser íntimo para sentirlo.


Así lo recordaremos por siempre (Foto: Miguel A. Hurtado - Contrapunto.com)

No había que intentar mucho con José Visconti si querías un saludo, una frase ocurrente, un consejo de amigo entrañable o hasta una bendición. Todos querían con Joseíto…  y aunque él mismo, al escuchar esta frase, estallara en un “eeeeeepaaaa” muy pícaro (sí, él era tan humano como cualquier otro), era la verdad.

Fui afortunado en conocerlo, en haber sido uno de los redactores que estaban bajo su mando en aquella época de aprendizaje como lo fue mi recorrido por los diarios 2001 y Meridiano.  Pero, mejor aún, en haber sido considerado como su amigo.

¿Enseñanzas en el periodismo? Muchísimas, sin duda. Estuve directamente con él por 2 años en esa sala de redacción de Meridiano, compartiendo con otros colegas más quienes también aportaron un montón en mi aprendizaje.

“Amator, Amatore, ven acá”, me llamaba en ocasiones a su oficina a pocas horas del cierre de la primera edición. Ya instalado en su escritorio, presto a teclear en su computadora, me preguntaba: “Dime, con qué abrimos hoy el manchón”, se refería al principal titular del llamado “Diario Deportivo de Venezuela” y específicamente cuando le tocaba al beisbol (que era la mayoría de los casos).

¿Cómo olvidar cada momento? Imposible. Tantos cuentos, porque Joseíto hablaba y hablaba. Parecía un radio prendido, decíamos en esa época. Pero lo disfrutábamos plenamente y él lo sabía. Llegaba y se iba; bajaba al canal (Meridiano TV) y regresaba a la redacción. No paraba, porque su espíritu iba a la par de sus acciones o visceversa.

Quizá mejor que sus enseñanzas periodísticas (que ya es mucho hablar) fue su ejemplo, su manera de ver y vivir la vida; ¡cómo inyectaba de entusiasmo a esa redacción a pesar de las constantes quejas por la mala paga y arrogancia de los dueños del circo! En mi caso, el solo hecho de saber que Joseíto estaba allí y coincidíamos en la guardia de un fin de semana calmaba la ira que me embargaba por las razones ya expuestas.

Cuando le presenté mi carta de renuncia y le dije que iba a asumir la Jefatura de Prensa de los Leones del Caracas, su sonrisa se estiró aún más y me dijo: “vas al mejor equipo del mundo”. Me echó la bendición y me deseó toda la suerte del mundo.

Ya en el ciclo con los “Súperleones” de Visconti lo atendía con un gustazo en el estadio Universitario, tratando de complacerlo en sus necesidades periodísticas; intentando retribuirle con poco lo mucho que me dio. Y él, como siempre, tan educado, tan sencillo… Qué mejor seríamos en este plano si tuviéramos la mitad de lo que siempre mostró José Visconti.

Como no me queda más que escribir (es la única arma que tenemos) para tratar de mitigar este huequito en el pecho que me quedó, luego de atender la llamada de Domingo Álvarez el domingo 06 de enero empezando la noche preguntándome si era verdad la noticia, amasé estas palabras para expresar alegría y tristeza a la vez. Cuartillas y cuartillas, tuits, posts; de todo han escrito amigos, colegas, estudiantes de José Visconti. Y en el poquito rato que estuve en su velatorio, desfilaron además de los conocidos por él, personas que seguramente nunca tuvieron el placer de estrecharle la mano pero que sí fueron contagiados por su magia.

Me tomo el atrevimiento de tomar el primer párrafo del escrito realizado por un buen muchacho y querido colega como lo es Andriw Sánchez Ruiz (@AnSanchezRu), quien acertó con esta expresión:



 Gracias, Joseíto...

domingo, 23 de junio de 2013

Juego en Alta Definición

Caracas.- Más allá de los momentos malos que pueda tener un bateador en temporadas tan largas como la de las Grandes Ligas, hay características muy particulares, sellos infalsificables, que definen su habilidad desde el plato.
El dominio de la zona de strike es el fuerte de Cabrera.
¿Qué más se puede decir acerca de Miguel Cabrera que no se haya mencionado, luego que ganara la Triple Corona (campeón bate, jonronero y empujador de la Liga Americana) en el 2012, cumpliera 10 años de su estreno en la gran carpa, y su nombre esté a la par de leyendas como Babe Ruth, Lou Gehrig o Hank Greenberg, por citar algunos? Una curiosa apreciación del coach de bateo de los Tigres de Detroit, Lloyd McClendon, llama poderosamente la atención por brindar un toque de ciencia ficción, muy al estilo de la película hollywoodense The Matrix, cuyo protagonista Neo (Keanu Reeves) veía al mundo en otra dimensión.
 “Yo le digo todo el tiempo a la gente, (Cabrera) ve el juego en alta definición mientras el resto de nosotros lo vemos en blanco y negro”, indicó el ex grandeliga que tuvo su pasantía en la Liga Venezolana con los Leones del Caracas al Detroit Free Press en un trabajo especial sobre el aragueño.
¿Y a qué se debe esta afirmación? No siempre se encuentran bateadores con la habilidad de Miguel Cabrera. Parece, sin duda, un lugar común recordarlo, pero aunque Cabrera pudiera padecer de la humana sequía ofensiva que ataca de vez en cuando, sólo es cuestión de poner su mente en el juego para regresar y convertirse en lo que es, una terrible amenaza para muchos pitchers.
“Miguel es el tipo de bateador que se ha adaptado a la competencia”, soltó Miguel Ángel García, responsable de su firma en el béisbol organizado cuando estaba en los Marlins de Florida y actual Director de Escauteo en América Latina de Detroit. “Honestamente, cuando lo seguíamos a los 14 y 15 años hacía lo mismo, tenía una habilidad innata, natural, para ajustarse a los envíos”.
Podríamos encontrar muchísimas situaciones de juego que ejemplifiquen las habilidades del toletero criollo. En muchas de ellas coinciden en que el juicio de Miguel Cabrera es de tal madurez que domina gran parte de la zona de strike.
“A mi no sorprende lo que ha logrado hasta ahora”, enfatiza García. “Él es el tipo de bateador que engañan a los lanzadores, es decir, lucen mal en principio pero luego los agarra. Él es especialista en eso y fíjense que cada vez ha reducido su cantidad de ponches y las impulsadas van en aumento”.

Un don
McClendon se refirió a una situación en particular en la que Cabrera protagonizó un duelo ante su coterráneo de los Indios de Cleveland, Carlos Carrasco, en un encuentro realizado en el Comerica Park el pasado sábado 8 de este mes. En ese primer turno del segundo inning, le abrió con una recta de 96 millas por hora en el borde de la zona que fue cantado como strike. Luego, le siguió un cambio que “ridiculizó” prácticamente a Cabrera al hacer un swing colgado. Fue el segundo strike en su cuenta.
Carrasco, posiblemente confiado en que lo tenía, volvió a lanzarle otro cambio, pero el bateador apenas se apartó y la dejó pasar, bola uno. Tiró una recta de 95 mph y Cabrera dio foul. Luego, cuando intentó poncharlo con una curva, no rompió mucho y se quedó fuera de la zona. Con la cuenta en 2-2, el diestro larense mostró una nueva metra de 96 mph; sin embargo, la respuesta fue otro foul. Lanzó el cambio y lo mismo, otro foul.
El espigado diestro de Cleveland repitió la recta que cayó fuera de la zona, para poner la situación en 3 y 2. Probó con la curva, consciente de que Cabrera veía clara su bola rápida y el cambio, pero no burló a su rival a pesar que otros bateadores, en esa situación, usualmente se embarcarían con una ubicación que, por milímetros, no entró en el área de strike.
Al manager indígena Terry Francona le preguntaron -cita el trabajo del Detroit Free Press- sobre este particular duelo. “No sé cómo dejó pasar eso… ese picheo estaba condenadamente cerca”. Obviamente, estaba afectado. La llegada al plato de Prince Fielder provocó que le anotasen tres carreras gracias a un doble que barrió las bases.
Esto fue una muestra de cómo Cabrera reconoce y trabaja los envíos. Pero lo que más impresionó a McClendon, según dijo, fue uno de los tres jonrones que dio ante Texas el pasado 19 de mayo frente al zurdo Derek Holland. En el mismo primer lanzamiento, un cambio que iba a 82 mph, la voló sin contemplaciones hacia la banda derecha de los bleachers.
Al culminar su habitual recorrido de bases, Cabrera se sentó junto a su coach de bateo y le dijo que sabía cuál picheo le venía. “Y dije, ‘¿a qué te refieres con que lo viste?, ¿estabas buscándolo?’ y me dijo, ‘No, lo vi’”, dijo perplejo el técnico bengalés. Generalmente, los bateadores detectan lo enviado después que sale de la mano del lanzador, como explica el autor del Detroit Free Press, Shawn Windsor. Pero Cabrera le intentaba explicar a McClendon que detectó el pitcheo cuando el serpentinero apuntaba su mirada a la mascota en la cima de la lomita. Prácticamente imposible, por lo que el veterano coach le repreguntó lo que quería decir: “Y dijo, ‘Todo se puso lento’. Entonces me preguntó ‘¿Es un don?’ y le dije, ‘Sí, Miguel, lo voy a decir. Eso es un don’ Fue asombroso, tan surrealista”.
¿Qué le queda por delante a Miguel Cabrera? ¿Parece poco lo que muestra en la actualidad? “Yo creo, honestamente, que no ha llegado a la madurez necesaria para dar jonrones”, explica el antiguo lanzador Miguel Ángel García. “Él puede convertirse en un bateador de 40 jonrones en poco tiempo. La palabra clave es la salud, pero aún se puede esperar mucho más”, dijo luego de comparar al aragueño con Carlos “Café” Martínez, por formar parte de un selecto grupo de peloteros que nacieron con ese regalo divino que muchos envidiarían.

(Versión completa del trabajo publicado en El Universal el 23/06/2013, P. 2-1)

miércoles, 15 de mayo de 2013

El “Conejo” Matheus en mi memoria


Caracas.- El beisbol es tan mágico que te da la oportunidad de conocer muchas personas en el camino quienes, a la larga, se convierten en parte importante de tu historia de vida. De alguna manera, enriquecen la experiencia particular y alimentan el espíritu hasta convertirse en tomos de una colección de enciclopedias de gran valía.
El "Conejo" Luis Matheus fue grande. (batazos.com)

Doy gracias a Dios por haber conocido a Luis Matheus, el “Conejo”. Hace poco se nos fue físicamente, pero difícilmente se ausentará de mi apreciada y valiosa compilación enciclopédica que amerita, sin duda alguna, un espacio en el Salón de la Fama del beisbol venezolano.

Sé que mi poco tiempo trabajando en el periodismo no se compara con la cantidad de años que el “Conejo” tuvo en la actividad deportiva. Porque Matheus también fue atleta en sus tiempos mozos. Lo que pasó fue que se metió de lleno con las estadísticas hasta hacerse parte imprescindible del equipo de su querido estado Lara, del que formó parte desde su estreno en la temporada 1965-66 hasta hace pocas zafras pues, por razones de salud, tuvo que claudicar.

El “Conejo” parecía, a lo lejos, dócil, endeble… Pero, ¡qué sorpresa se hubiera llevado cualquiera que hubiese sacado conclusiones prematuras! Así con ese tamaño de jockey (no puedo hablar mucho, soy del mismo rin) parecía un gigante. Nadie, absolutamente nadie, podía equivocarse con Luis Matheus, porque tenía una gran personalidad. Sí, era sencillo, jamás algún tipo de ínfulas a pesar que tenía suficientes argumentos para pecar de ello.

Lo vi como querían que lo vieran. Amigable, un caballero, pícaro, echador de broma, galante, profesional, patriarcal, pero también con una fortaleza de acero, no se amilanaba ante nadie; ni por el vozarrón de "El Narrador", Alfonso Saer, a quien confrontaba como si nada; con una entereza que muchos quisieran tener al momento de discutir.

Una de las tantas razones por las cuales me gustaba llegar a Barquisimeto era encontrarme con él. Porque sabía que, a pesar del cansancio, de los intensos viajes y madrugonazos propios del beisbol, y de algunos sinsabores producto de situaciones que debes manejar -propias de la profesión- la energía que irradiaba y el trato paternal, que era una especie de afable bienvenida que te daba el “Conejo”, me devolvían a la serenidad; escuchar algunos de los tantos cuentos que relataba en ese Palco de Prensa (que ahora tendrá merecidamente su nombre) me conectaban con la simplicidad dela vida.

Lo que más admiraba era su sencillez, su humildad, su don de gente. Pienso y trato de añadir más calificativos, pero me quedo corto. Me cuesta describir lo que es intangible, aunque evidentemente significativo, invalorable, especial.

“El te quería mucho”, me dijo Diego Matheus, su hijo, cuando lo llamé para expresarle mis condolencias. Pues para mí Luis Matheus forma parte de un club único de amigos, de maestros de vida, de seres humanos que se muestran como son, que enseñaban lo más importante: valores. 

Es un privilegio único haber sido considerado un alumno suyo, me enorgullece haber sido su amigo y haber tenido su estima y consideración. Cierro mi tomo y se suma a un valiosísimo conjunto de enciclopedias en mis recuerdos. ¡Gracias por haberme permitido conocerte, “Conejo”!

viernes, 12 de abril de 2013

Peloteros y política


Caracas.- Suena un poco ambicioso y riesgoso hablar de este tema cuando en Venezuela confrontamos una polarización política manifiesta. Pero la curiosidad por abordarlo nos lleva a realizar este escrito a sabiendas que quien amablemente lo lea lo tome de uno u otro lado, mucho más en estos días tan sensibles por la proximidad de unas nuevas elecciones presidenciales.
Magglio Ordóñez es parte de un pequeño grupo que tomó una postura.

Un planteamiento del periodista de Líder Carlos Alberto Zambrano por tuiter, luego que mostrara una propaganda política por  video en la que un grupo de peloteros activos y retirados apoyaran una opción en las últimas elecciones para Presidente de República Dominicana, desató un ameno intercambio de pareceres.

Zambrano (no se equivoquen, no es el lanzador a quien llaman “El Toro”) expresó en el limitante espacio de tuiter que le hubiera gustado que los peloteros venezolanos se comprometieran a involucrarse en la campaña política. Ahora bien, de los que conocemos en la actualidad podemos mencionar al menos cuatro que se han identificado con una de las dos opciones o proyectos de país, si podemos hablar en esos términos.

Obviamente, no representa para nada esa cantidad el total del gremio de beisbolistas en nuestro país. No obstante, Zambrano se quejó de las opiniones manifiestas de algunas personas que están de acuerdo con la abstinencia política de estos jugadores de pelota. El estimado Carlos dijo: “Pero siempre prefiero a los valientes”.

Los beisbolistas venezolanos son los deportistas que logran mejores dividendos producto de su talento físico-mental. El dinero que generan, producto de una actividad profesional, representa un sustento importante que, en la mayoría de los casos, se invierte en casa. Recordemos que casi el 100% regresa a su país de origen, para reencontrarse con la familia y amigos, además de jugar en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional.

¿Cuál podría ser la razón por la que, históricamente, muy pocos se involucran o se identifican públicamente con una tendencia política?

Apelamos inicialmente a la memoria de Humberto Acosta, conocido y respetado periodista de beisbol, quien amablemente nos ratificó lo que sospechábamos: “en verdad, no recuerdo que alguno haya salido en alguna campaña política apoyando a alguien”.

Hay dos figuras que ejercieron cargos públicos en el pasado, apuntó Acosta. Uno de ellos fue Alfonso “Chico” Carrasquel como Prefecto de la parroquia 23 de enero en Caracas durante el primer gobierno de Rafael Caldera. El otro, nuestro “Salón de la fama grandeliga”, Luis Aparicio Montiel, quien fue Comisionado Nacional del Instituto Nacional de Deporte cuando Carlos Andrés Pérez asumió su primera gestión.

Tanto Carrasquel como Aparicio –ya retirados cuando aceptaron estas responsabilidades- se expusieron como posibles simpatizantes de corrientes políticas, por lo que muchas personas los ubicaron de uno y otro bando automáticamente. Sin embargo, no se conoce participaciones directas en campañas políticas posteriores a sus responsabilidades como funcionarios.

Durante mucho tiempo era prácticamente nula la presencia de jugadores de beisbol identificados públicamente a favor de una propuesta política. No fue sino hasta que Antonio Álvarez y Magglio Ordóñez aparecieron en actos políticos y se involucraron de lleno por una tendencia que, en este momento, detenta el poder. Luego aparecieron otros como Melvin Mora y Carlos Guillén, por citar nombres reconocidos, integrando el grupo de Álvarez y Ordóñez.

Más allá de juicios y consideraciones que puedan producirse cuando nos referimos a este grupo de peloteros, ciertamente hay una clara manifestación –que sigue siendo pequeña, si consideramos la cifra de activos que juegan alrededor del mundo- que conlleva a un riesgo grande como lo vivido por Magglio Ordóñez en el pasado Clásico Mundial de Beisbol de 2009.

¿Se les puede exigir a beisbolistas que muestren sus preferencias políticas públicamente? Obviamente no. Es una decisión muy personal y que, por muchas razones, se inhiben pese a que familiares, amigos y demás conocidos conozcan claramente lo que piensa cada uno en su entorno.

“Pues que los ataquen… que aguanten como hombres”, opinó Carlos Alberto Zambrano cuando se tocó el punto relacionado a las posibles reacciones en los estadios de beisbol de ubicarse en algún lado. Pues bien, si alguno decide hacerlo –como ya lo hicieron los nombrados con anterioridad- no pasa a ser sino una postura que cualquier persona pueda asumir como ciudadano de un país.

No es un deber, consideramos, sino una elección. Quien lo haga, debe pensar lo suficiente qué efecto o consecuencia pudiera traer su decisión. Quien se abstenga de ello, sus razones tendrá sin que ello signifique abrirle un juicio; no somos jueces ni fiscales y, mucho menos, abogados.

“Decisiones, cada día. Alguien pierde, alguien gana”, Decisiones, Rubén Blades.

jueves, 21 de marzo de 2013

Capitanes sin barco


Caracas.- Son pocos los jugadores en el beisbol profesional venezolano que lucieron o lucen la letra “C” que los define como capitanes. Para llegar a ese rango en el beisbol, esa persona realmente tiene que ser reconocida como un “caballo” amén de otras características en la que el liderazgo o influencia ante el grupo sea reconocida.

Frank Díaz exhibió su "C" durante un tiempo en Bravos. (bravosdemargarita.com)
En el fútbol es indispensable esa figura, pues es quien tiene la representación del grupo en la cancha ante el árbitro y tiene cierta autoridad para protestar algunas sentencias no favorables a determinado equipo. Contrasta ante la pelota por las múltiples diferencias que hay en el entorno en el que se desenvuelven estas disciplinas, aunque coinciden en el reconocimiento de una persona como factor unificador.

En el beisbol no se pasa de una camisa a otra la letra “C” cuando el jugador se retira del diamante por alguna circunstancia. En el caso del balompié, ocurre lo contrario pues esa bandana no puede quedar huérfana si quien la porta sale del rectángulo por diversas razones.

Hicimos este breve introducción porque resulta interesante que, luego de culminada la temporada 2012-2013 del beisbol rentado criollo, dos jugadores, designados capitanes de sus respectivas novenas, fueron transferidos a otros conjuntos.

Primero fue Oscar Salazar, el “Cachi”, quien era el guía en el grupo de jugadores de los Tiburones de La Guaira. El 3 de febrero pasado oficialmente pasó a las filas de Caribes de Anzoátegui por el lanzador zurdo Renyel Pinto.

Este miércoles 20 se produjo otro cambalache con las mismas características del anterior. Frank Díaz, uno de los pocos sobrevivientes de la nómina del antiguo Pastora de Los Llanos, considerado también como capitán, pasó a las filas del actual campeón, Navegantes del Magallanes, por el serpentinero Fernando Nieve.

Luego de aquella temporada 2007-2008 con los Leones del Caracas, el receptor Henry Blanco confrontó una delicada situación con la directiva del equipo de sus comienzos. Era el “Capitán” de los melenudos y, por esa condición –suponemos-, se atrevió a declarar a El Nacional su incomodidad por la presencia de quien fuera su amigo, Carlos Hernández, como mánager.

El resultado fue su salida del conjunto vía lista de jugadores a quienes no se le ejercería la opción de contrato para la 2008-2009. Otro capitán se quedó sin barco. Pocos días después, Bravos de Margarita lo contrató y pasó a ser un experimentado jugador dentro de las filas.

Entendiendo la peculiar característica que tiene esta figura en el beisbol, ¿valdría la pena nombrar  capitanes bajo las condiciones en las que está este negocio en la actualidad? Sería interesante preguntarte a estos tres peloteros mencionados si, de haber existido las condiciones, aceptarían una “C” en su nuevo uniforme. 

Ya es bien conocida la perdurabilidad del llamado beisbolista franquicia. Pocos como Robert Pérez (Cardenales de Lara) podrían considerarse como tal. Y citamos a Pérez porque es el verdadero emblema en el conjunto larense por su constante presencia en las temporadas venezolanas.

Si bien en nuestro país no se dan tantos cambios de jugadores, las probabilidades de que un jugador dure más de 10 campañas en un mismo equipo son muy reducidas. Para llegar a ser un líder reconocido con la “C” una de las condiciones para ello –aunque no determinante, por supuesto- es el tiempo en la plantilla, además de su capacidad de influir en los compañeros.

No dudamos que sería un honor para cualquier jugador ser reconocido como tal, pero de llegar el momento de despedirse es de suponer que le afectaría mucho más. 

Quizá la presunción sea algo dramática o se le estaría dando mucha importancia al asunto. De repente, como dicen los mismos peloteros, “esto es un negocio” y lo asumirían como profesionales. Sin embargo, los códigos que se manejan dentro del beisbol son muy particulares. Aunque el dinero mande en la actualidad, aún el orgullo y la dignidad existen.

¿Vale la pena?

miércoles, 20 de marzo de 2013

Dominicana y la teoría en el beisbol


Caracas.- La selección de República Dominicana logró lo que en las dos ediciones anteriores del Clásico Mundial de Beisbol se esperaba: un título que ratifica el buen momento que atraviesa este país en lo que a producción de beisbolistas se refiere.
Los campeones indiscutibles de este 2013. (foxsportsla.com)
Pero no fue con figuras de reconocida labor en las grandes ligas de Norteamérica como Albert Pujols, David Ortiz (por lesión), Adrián Beltré, Wilin Rosario, José Bautista, Melky Cabrera, Johnny Cueto y Rafael Soriano -por citar a algunos- que lograron el cetro de la tercera edición de este evento cuyas características aún dejan un sinsabor para quienes disfrutamos del beisbol a plenitud; sin limitaciones ni pretextos económicos.

Es tanto el talento quisqueyano esparcido en la Major League Baseball, que se pueden dar el lujo de presentar una plantilla si se quiere modesta, con un Miguel Tejada como la figura de mayor experiencia, además de un Robinson Canó en la cumbre de su carrera, y arrasan con sus enemigos sin compasión, aunque ello no signifique que ganaron fácil.

Los equipos ideales están en la mente de los aficionados como un símbolo de invencibilidad. Eso no fue lo que llevó Dominicana, pero sí mostró integración, hambre de triunfo, un objetivo que nadie le iba a quitar por nada en el mundo: el trofeo.

Así, los números son muestra de ese dominio exhibido por los “plataneros” de Tony Peña, el manager que necesitaba este equipo por su manera de dirigir a un grupo de peloteros que, sabían, tenían una gran deuda con sus ruidosos coterráneos.

El relevo fue pieza fundamental. Lograron una cadena de 25.2 entradas consecutivas sin que le anotaran una carrera. En general, el cuerpo de pitcheo dominicano permitió sólo seis carreras limpias en los últimos cinco juegos, sumando 45.0 innings para un promedio de rayitas limpias concedidas de 1.20. Por si fuera poco, anularon a sus rivales quienes le batearon para .134 (de 149-20).

En esos ocho juegos que le dieron el título, la efectividad de 1.75, así como los 65 ponches ante 31 bases por bolas y sólo dos jonrones permitidos en 72.0 tramos, confirmaron que el pitcheo les funcionó a la perfección, para soportar un bateo respetable de .288 en average colectivo (de 264-76) en el que fabricaron 36 carreras (casi cinco por juego en promedio).

La bendita teoría daba al equipo de Venezuela, al menos, presencia en la semifinal. Sus figuras, los números que habían acumulado en la pasada contienda de la gran carpa, además del talento comprobado, les daban altas posibilidades de salir airosos en el llamado “Grupo de la muerte”, de donde salió precisamente la final.

Pero el beisbol es así. No come cuento con los supuestos. Todo tiene que ganarse en el terreno en un trabajo de equipo, de estrategia, de pensar lo mejor posible con qué se cuenta y cómo sacarle provecho. Porque es obvio que las odiosas condiciones fueron para todos los participantes. También, hubo importantes deserciones en casi todos los conjuntos por distintas razones.

Más allá de echarle la culpa al manager Luis Sojo –quien no repetirá, según anuncios oficiales- o a la Federación Venezolana de Beisbol y su presidente, Edwin Zerpa, o a los mismos jugadores –los protagonistas del show- hay que aplicar un axioma simple de la vida; reflexionar, revisar qué sucedió, cómo se puede cambiar la metodología de preparación e, incluso, de selección, para conformar el mejor equipo posible.

Algo parecido a lo hecho por Moisés Alou, el gerente general del la representación quisqueyana, quien dijo a Espn antes del torneo lo siguiente: “Debemos enfocarnos en lo que tenemos y no en lo que pudimos tener… Tenemos un gran equipo y, lo más importante, lleno de jugadores que quieren estar aquí”. Así de sencillo.

Con trabajo, algo de suerte y un buen plan de trabajo probablemente podríamos, en el 2017, tener esa misma oportunidad lograda por Dominicana de reinventarse, de lavar esa misma decepción del 2006 y 2009 que hoy sentimos los venezolanos con este equipo que prometía más de lo que dio.