Qué bonito es ser testigo -desde este lado de la acera de los vivos- cuando alguien es querido de verdad; cuando el aprecio es sincero y se demuestra en cada gesto y palabra sin que haga falta ser íntimo para sentirlo.
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| Así lo recordaremos por siempre (Foto: Miguel A. Hurtado - Contrapunto.com) |
No había que intentar mucho con José Visconti
si querías un saludo, una frase ocurrente, un consejo de amigo entrañable o
hasta una bendición. Todos querían con Joseíto… y aunque él mismo, al escuchar esta frase,
estallara en un “eeeeeepaaaa” muy pícaro (sí, él era tan humano como cualquier
otro), era la verdad.
Fui afortunado en conocerlo, en haber sido uno
de los redactores que estaban bajo su mando en aquella época de aprendizaje
como lo fue mi recorrido por los diarios 2001 y Meridiano. Pero, mejor aún, en haber sido considerado como
su amigo.
¿Enseñanzas en el periodismo? Muchísimas, sin
duda. Estuve directamente con él por 2 años en esa sala de redacción de
Meridiano, compartiendo con otros colegas más quienes también aportaron un montón
en mi aprendizaje.
“Amator, Amatore, ven acá”, me llamaba en
ocasiones a su oficina a pocas horas del cierre de la primera edición. Ya
instalado en su escritorio, presto a teclear en su computadora, me preguntaba: “Dime,
con qué abrimos hoy el manchón”, se refería al principal titular del llamado “Diario
Deportivo de Venezuela” y específicamente cuando le tocaba al beisbol (que era
la mayoría de los casos).
¿Cómo olvidar cada momento?
Imposible. Tantos cuentos, porque Joseíto hablaba y hablaba. Parecía un radio
prendido, decíamos en esa época. Pero lo disfrutábamos plenamente y él lo sabía.
Llegaba y se iba; bajaba al canal (Meridiano TV) y regresaba a la redacción. No
paraba, porque su espíritu iba a la par de sus acciones o visceversa.
Quizá mejor que sus enseñanzas
periodísticas (que ya es mucho hablar) fue su ejemplo, su manera de ver y vivir
la vida; ¡cómo inyectaba de entusiasmo a esa redacción a pesar de las
constantes quejas por la mala paga y arrogancia de los dueños del circo! En mi
caso, el solo hecho de saber que Joseíto estaba allí y coincidíamos en la
guardia de un fin de semana calmaba la ira que me embargaba por las razones ya
expuestas.
Cuando le presenté mi carta de
renuncia y le dije que iba a asumir la Jefatura de Prensa de los Leones del
Caracas, su sonrisa se estiró aún más y me dijo: “vas al mejor equipo del mundo”.
Me echó la bendición y me deseó toda la suerte del mundo.
Ya en el ciclo con los “Súperleones”
de Visconti lo atendía con un gustazo en el estadio Universitario, tratando de
complacerlo en sus necesidades periodísticas; intentando retribuirle con poco
lo mucho que me dio. Y él, como siempre, tan educado, tan sencillo… Qué mejor
seríamos en este plano si tuviéramos la mitad de lo que siempre mostró José
Visconti.
Como no me queda más que escribir
(es la única arma que tenemos) para tratar de mitigar este huequito en el pecho
que me quedó, luego de atender la llamada de Domingo Álvarez el domingo 06 de
enero empezando la noche preguntándome si era verdad la noticia, amasé estas
palabras para expresar alegría y tristeza a la vez. Cuartillas y cuartillas, tuits,
posts; de todo han escrito amigos, colegas, estudiantes de José Visconti. Y en
el poquito rato que estuve en su velatorio, desfilaron además de los conocidos
por él, personas que seguramente nunca tuvieron el placer de estrecharle la
mano pero que sí fueron contagiados por su magia.
Me tomo el atrevimiento de tomar el
primer párrafo del escrito realizado por un buen muchacho y querido colega como
lo es Andriw Sánchez Ruiz (@AnSanchezRu), quien acertó con esta
expresión:
Gracias, Joseíto...




