miércoles, 15 de mayo de 2013

El “Conejo” Matheus en mi memoria


Caracas.- El beisbol es tan mágico que te da la oportunidad de conocer muchas personas en el camino quienes, a la larga, se convierten en parte importante de tu historia de vida. De alguna manera, enriquecen la experiencia particular y alimentan el espíritu hasta convertirse en tomos de una colección de enciclopedias de gran valía.
El "Conejo" Luis Matheus fue grande. (batazos.com)

Doy gracias a Dios por haber conocido a Luis Matheus, el “Conejo”. Hace poco se nos fue físicamente, pero difícilmente se ausentará de mi apreciada y valiosa compilación enciclopédica que amerita, sin duda alguna, un espacio en el Salón de la Fama del beisbol venezolano.

Sé que mi poco tiempo trabajando en el periodismo no se compara con la cantidad de años que el “Conejo” tuvo en la actividad deportiva. Porque Matheus también fue atleta en sus tiempos mozos. Lo que pasó fue que se metió de lleno con las estadísticas hasta hacerse parte imprescindible del equipo de su querido estado Lara, del que formó parte desde su estreno en la temporada 1965-66 hasta hace pocas zafras pues, por razones de salud, tuvo que claudicar.

El “Conejo” parecía, a lo lejos, dócil, endeble… Pero, ¡qué sorpresa se hubiera llevado cualquiera que hubiese sacado conclusiones prematuras! Así con ese tamaño de jockey (no puedo hablar mucho, soy del mismo rin) parecía un gigante. Nadie, absolutamente nadie, podía equivocarse con Luis Matheus, porque tenía una gran personalidad. Sí, era sencillo, jamás algún tipo de ínfulas a pesar que tenía suficientes argumentos para pecar de ello.

Lo vi como querían que lo vieran. Amigable, un caballero, pícaro, echador de broma, galante, profesional, patriarcal, pero también con una fortaleza de acero, no se amilanaba ante nadie; ni por el vozarrón de "El Narrador", Alfonso Saer, a quien confrontaba como si nada; con una entereza que muchos quisieran tener al momento de discutir.

Una de las tantas razones por las cuales me gustaba llegar a Barquisimeto era encontrarme con él. Porque sabía que, a pesar del cansancio, de los intensos viajes y madrugonazos propios del beisbol, y de algunos sinsabores producto de situaciones que debes manejar -propias de la profesión- la energía que irradiaba y el trato paternal, que era una especie de afable bienvenida que te daba el “Conejo”, me devolvían a la serenidad; escuchar algunos de los tantos cuentos que relataba en ese Palco de Prensa (que ahora tendrá merecidamente su nombre) me conectaban con la simplicidad dela vida.

Lo que más admiraba era su sencillez, su humildad, su don de gente. Pienso y trato de añadir más calificativos, pero me quedo corto. Me cuesta describir lo que es intangible, aunque evidentemente significativo, invalorable, especial.

“El te quería mucho”, me dijo Diego Matheus, su hijo, cuando lo llamé para expresarle mis condolencias. Pues para mí Luis Matheus forma parte de un club único de amigos, de maestros de vida, de seres humanos que se muestran como son, que enseñaban lo más importante: valores. 

Es un privilegio único haber sido considerado un alumno suyo, me enorgullece haber sido su amigo y haber tenido su estima y consideración. Cierro mi tomo y se suma a un valiosísimo conjunto de enciclopedias en mis recuerdos. ¡Gracias por haberme permitido conocerte, “Conejo”!