Caracas.- Son pocos los jugadores en el beisbol profesional venezolano que lucieron o lucen la letra “C” que los define como capitanes. Para llegar a ese rango en el beisbol, esa persona realmente tiene que ser reconocida como un “caballo” amén de otras características en la que el liderazgo o influencia ante el grupo sea reconocida.
| Frank Díaz exhibió su "C" durante un tiempo en Bravos. (bravosdemargarita.com) |
En el fútbol es indispensable esa figura, pues es quien tiene la representación del grupo en la cancha ante el árbitro y tiene cierta autoridad para protestar algunas sentencias no favorables a determinado equipo. Contrasta ante la pelota por las múltiples diferencias que hay en el entorno en el que se desenvuelven estas disciplinas, aunque coinciden en el reconocimiento de una persona como factor unificador.
En el beisbol no se pasa de una camisa a otra la letra “C” cuando el jugador se retira del diamante por alguna circunstancia. En el caso del balompié, ocurre lo contrario pues esa bandana no puede quedar huérfana si quien la porta sale del rectángulo por diversas razones.
Hicimos este breve introducción porque resulta interesante que, luego de culminada la temporada 2012-2013 del beisbol rentado criollo, dos jugadores, designados capitanes de sus respectivas novenas, fueron transferidos a otros conjuntos.
Primero fue Oscar Salazar, el “Cachi”, quien era el guía en el grupo de jugadores de los Tiburones de La Guaira. El 3 de febrero pasado oficialmente pasó a las filas de Caribes de Anzoátegui por el lanzador zurdo Renyel Pinto.
Este miércoles 20 se produjo otro cambalache con las mismas características del anterior. Frank Díaz, uno de los pocos sobrevivientes de la nómina del antiguo Pastora de Los Llanos, considerado también como capitán, pasó a las filas del actual campeón, Navegantes del Magallanes, por el serpentinero Fernando Nieve.
Luego de aquella temporada 2007-2008 con los Leones del Caracas, el receptor Henry Blanco confrontó una delicada situación con la directiva del equipo de sus comienzos. Era el “Capitán” de los melenudos y, por esa condición –suponemos-, se atrevió a declarar a El Nacional su incomodidad por la presencia de quien fuera su amigo, Carlos Hernández, como mánager.
El resultado fue su salida del conjunto vía lista de jugadores a quienes no se le ejercería la opción de contrato para la 2008-2009. Otro capitán se quedó sin barco. Pocos días después, Bravos de Margarita lo contrató y pasó a ser un experimentado jugador dentro de las filas.
Entendiendo la peculiar característica que tiene esta figura en el beisbol, ¿valdría la pena nombrar capitanes bajo las condiciones en las que está este negocio en la actualidad? Sería interesante preguntarte a estos tres peloteros mencionados si, de haber existido las condiciones, aceptarían una “C” en su nuevo uniforme.
Ya es bien conocida la perdurabilidad del llamado beisbolista franquicia. Pocos como Robert Pérez (Cardenales de Lara) podrían considerarse como tal. Y citamos a Pérez porque es el verdadero emblema en el conjunto larense por su constante presencia en las temporadas venezolanas.
Si bien en nuestro país no se dan tantos cambios de jugadores, las probabilidades de que un jugador dure más de 10 campañas en un mismo equipo son muy reducidas. Para llegar a ser un líder reconocido con la “C” una de las condiciones para ello –aunque no determinante, por supuesto- es el tiempo en la plantilla, además de su capacidad de influir en los compañeros.
No dudamos que sería un honor para cualquier jugador ser reconocido como tal, pero de llegar el momento de despedirse es de suponer que le afectaría mucho más.
Quizá la presunción sea algo dramática o se le estaría dando mucha importancia al asunto. De repente, como dicen los mismos peloteros, “esto es un negocio” y lo asumirían como profesionales. Sin embargo, los códigos que se manejan dentro del beisbol son muy particulares. Aunque el dinero mande en la actualidad, aún el orgullo y la dignidad existen.
¿Vale la pena?
