martes, 8 de enero de 2019

La magia de José Visconti


Qué bonito es ser testigo -desde este lado de la acera de los vivos- cuando alguien es querido de verdad; cuando el aprecio es sincero y se demuestra en cada gesto y palabra sin que haga falta ser íntimo para sentirlo.


Así lo recordaremos por siempre (Foto: Miguel A. Hurtado - Contrapunto.com)

No había que intentar mucho con José Visconti si querías un saludo, una frase ocurrente, un consejo de amigo entrañable o hasta una bendición. Todos querían con Joseíto…  y aunque él mismo, al escuchar esta frase, estallara en un “eeeeeepaaaa” muy pícaro (sí, él era tan humano como cualquier otro), era la verdad.

Fui afortunado en conocerlo, en haber sido uno de los redactores que estaban bajo su mando en aquella época de aprendizaje como lo fue mi recorrido por los diarios 2001 y Meridiano.  Pero, mejor aún, en haber sido considerado como su amigo.

¿Enseñanzas en el periodismo? Muchísimas, sin duda. Estuve directamente con él por 2 años en esa sala de redacción de Meridiano, compartiendo con otros colegas más quienes también aportaron un montón en mi aprendizaje.

“Amator, Amatore, ven acá”, me llamaba en ocasiones a su oficina a pocas horas del cierre de la primera edición. Ya instalado en su escritorio, presto a teclear en su computadora, me preguntaba: “Dime, con qué abrimos hoy el manchón”, se refería al principal titular del llamado “Diario Deportivo de Venezuela” y específicamente cuando le tocaba al beisbol (que era la mayoría de los casos).

¿Cómo olvidar cada momento? Imposible. Tantos cuentos, porque Joseíto hablaba y hablaba. Parecía un radio prendido, decíamos en esa época. Pero lo disfrutábamos plenamente y él lo sabía. Llegaba y se iba; bajaba al canal (Meridiano TV) y regresaba a la redacción. No paraba, porque su espíritu iba a la par de sus acciones o visceversa.

Quizá mejor que sus enseñanzas periodísticas (que ya es mucho hablar) fue su ejemplo, su manera de ver y vivir la vida; ¡cómo inyectaba de entusiasmo a esa redacción a pesar de las constantes quejas por la mala paga y arrogancia de los dueños del circo! En mi caso, el solo hecho de saber que Joseíto estaba allí y coincidíamos en la guardia de un fin de semana calmaba la ira que me embargaba por las razones ya expuestas.

Cuando le presenté mi carta de renuncia y le dije que iba a asumir la Jefatura de Prensa de los Leones del Caracas, su sonrisa se estiró aún más y me dijo: “vas al mejor equipo del mundo”. Me echó la bendición y me deseó toda la suerte del mundo.

Ya en el ciclo con los “Súperleones” de Visconti lo atendía con un gustazo en el estadio Universitario, tratando de complacerlo en sus necesidades periodísticas; intentando retribuirle con poco lo mucho que me dio. Y él, como siempre, tan educado, tan sencillo… Qué mejor seríamos en este plano si tuviéramos la mitad de lo que siempre mostró José Visconti.

Como no me queda más que escribir (es la única arma que tenemos) para tratar de mitigar este huequito en el pecho que me quedó, luego de atender la llamada de Domingo Álvarez el domingo 06 de enero empezando la noche preguntándome si era verdad la noticia, amasé estas palabras para expresar alegría y tristeza a la vez. Cuartillas y cuartillas, tuits, posts; de todo han escrito amigos, colegas, estudiantes de José Visconti. Y en el poquito rato que estuve en su velatorio, desfilaron además de los conocidos por él, personas que seguramente nunca tuvieron el placer de estrecharle la mano pero que sí fueron contagiados por su magia.

Me tomo el atrevimiento de tomar el primer párrafo del escrito realizado por un buen muchacho y querido colega como lo es Andriw Sánchez Ruiz (@AnSanchezRu), quien acertó con esta expresión:



 Gracias, Joseíto...